El Somatén - Triple A
En el año 1997 el periodista y ex-militante motonero Miguel Bonasso publica el libro: "El presidente que no fue" - Los archivos secretos del peronismo (Ed. Planeta).
Allí se hace un racconto de la fallida presidencia de Héctor Cámpora, un dirigente histórico del peronismo de origen conservador, y los convulsionados procesos políticos de mediados de la década del 70.
Uno de los pasajes más interesantes remite a la responsabilidad del General Perón en la conformación de la organización terrorista "Triple A", cuya inspiración se remonta a una vieja institución paramilitar española: el Somatén.
Lo que sigue es un extracto del libro de Bonasso donde se
aborda el tema:
(descarga de versión para imprimir)
(...) "Mao Tsé-Tung y el general Perón son dos figuras
que expresan una misma inquietud y unos mismos anhelos, capaces
de cambiar el curso de la Humanidad", declaró Isabel
Martínez en París el 7 de mayo (de 1972), minutos antes de
embarcarse acompañada por Daniel (José López Rega), Norma
López Rega y Gloria, la hija mayor de Oscar Bidegain.
Gloria tenía apenas veinte años y su participación en la gira
asumía para la Señora y Daniel un carácter emblemático: junto
con "Normita" representaban a esa "juventud
maravillosa" a la que el Brujo veía "igual, que la
China, agrupada en torno a la figura de un conductor". Su
inclusión en la gira había sido decidida un mes antes, cuando
la muchacha viajó a Madrid, acompañando a su padre, el
gobernador electo de la provincia de Buenos Aires. Fueron días
primaverales, disfrutados en el confort del Monte Real (donde
también paraba Solano Lima) y pasando horas en la quinta 17 de
Octubre, frente al líder de carne y hueso, que venía a conocer.
En una de esas tertulias, en las que había algunos extraños que
Gloria no conocía, Perón se volvió hacia Don Oscar y dijo algo
extraño, que la jovencita tardaría años en descifrar.
- Lo que hace falta en Argentina es un "Somatén".
Mucho después, la hija de Bidegain creyó recordar que el
Somatén había sido un cuerpo represivo no oficial probablemente
creado por Franco, que había actuado después de la caída de la
República. En realidad el Somatén es una institución armada de
Cataluña que se remonta al siglo XI, fue reflotada en 1876 por
el brigadier Joaquín Mola y los patricios de Barcelona, y cobró
un nuevo impulso en 1923, cuando el general Primo de Rivera,
padre del creador de la Falange, encabezó un golpe de Estado. En
su "Manifiesto al país y el Ejército" decía el
dictador Primo de Rivera:
"Somos el Somatén de la legendaria y honrosa tradición
española, y como él traemos por lema: paz, paz y siempre paz,
pero paz digna fuera y paz fundada en el saludable vigor y en el
justo castigo dentro. Queremos un Somatén reserva y hermano del
Ejército...".
La sombra de aquella charla se extendería sobre los cadáveres
que la Alianza Anticomunista Argentina sembraría en los bosques
de Ezeiza, alimentando una sospecha que Gloria no podría
confesarse nunca: la idea de la Triple A no había nacido de la
cabeza de López Rega, sino en la del propio Perón.
¿Por qué el General había exhumado el Somatén ante el padre
de Gloria? Porque estaba bastante confundido respecto de
Bidegain. Creía que seguía siendo un nacionalista de derecha y
depositaba en él esperanzas que luego se irían desvaneciendo.
Que tal vez empezaron a desvanecerse en ese mismo viaje. Merced
al candor de una joven de veinte años.
Al comienzo, Isabel fue muy atenta con Gloria y le mandó un
regalo al hotel. Cuando regresó con su padre a la Argentina,
recibió un llamado de Raúl Lastiri diciendo que había un
télex del General en Las Bases, donde la invitaba a viajar con
Isabel por Asia. Gloria era chica y quedó confundida, pero muy
contenta. Viajó de regreso a Madrid con Norma López Rega, que
le pareció una chica buena, muy unida con su padre y tal vez
demasiado atada a la imagen paterna, como para casarse con
Lastiri, que era mayor que Daniel. En Madrid estuvieron las dos
en el Monte Real, y luego partieron con Isabel y López a París,
donde los aguardaba Giancarlo Elía Valori. Del cual la hija de
Bidegain no tenía la menor idea. En esos días, la incipiente
militante de la JP estaba leyendo Peronismo y Socialismo, de Juan
José Hernández Arregui, y comenzó a preguntarse quién estaba
loco, si el libro o los personajes funambulescos que tenía por
delante.
Aunque era joven e ingenua, pronto descubrió que algo no
funcionaba. Fueron a un restaurante muy lujoso, donde Isabel,
López Rega y Valori comenzaron una charla sobre temas
esotéricos.
Gloria pensó que hablaban en joda y se pasó los primeros veinte
minutos riéndose a carcajadas, hasta que la expresión de Isabel
le congeló la risa. A partir de ese momento y aunque no le
demostraron ninguna animosidad, tuvo la intuición de que le
habían hecho la cruz. Cuando regresaron de la gira, que incluyó
Corea del Norte y una sonada entrevista de Isabel con Kim II
Sung. Perón le mandó una carta a Don Oscar diciendo que Gloria
era "una chica extraordinaria" y que temía que
Isabelita se la robase para trabajar con ella. Pero Isabel no la
volvió a llamar más.
A la jovencita, López Rega le pareció un tipo sin ninguna
cultura, pero divertido y campechano. En contraste con Isabel, a
la que había que decirle Señora aunque se la conociera desde
chica, como Norma. Le molestó su soberbia, que firmara los
telegramas "Isabel", como si fuera Isabel de
Inglaterra. Y más le molestó descubrir que esa ocultaba una
rivalidad personal e histórica insuperable: un día Isabel leyó
en los diarios argentinos que la flamante senadora justicialista
Perla Emilce de Calderoni había jurado "por Dios, por la
Patria y por el recuerdo de Eva Perón", y exclamó,
avinagrada: "¿Quién es esa pelotuda?".
Eran pequeñas revelaciones, señales que Gloria enterró en el
subconsciente, sobre todo mientras recorrían el Asia, pero que
se hicieron dolorosamente evidentes en la intimidad de la quinta,
en un almuerzo con José Campano Martínez, un médico de la
vieja guardia peronista y que a la joven militante de la JP le
parecía "un chupamedias". Que no tardó en hablar a
calzón quitado contra Cámpora, aguijoneado por Isabel y López
Rega. Perón, en general, permaneció callado, pero en algún
momento deslizó también un comentario que Gloria no entendió,
pero le pareció negativo. Se quedó mal. Molesta. Sin poder
reconciliar su libro de Hernández Arregui con las sordideces de
la sobremesa.
Ignorando que era observada y que sus reacciones sinceras e
ingenuas tendrían consecuencias en el futuro, Gloria se animó
con los herederos. Una vez Isabel y López Rega dijeron que el
ERP lo quería matar a Perón, y Gloria, despistada, salió a
defender a los guerrilleros. Isabel y López se callaron y
anotaron. Unos meses más tarde esa frase despistada de una chica
inocente serviría para decir que la mujer y la hijas de Oscar
Bidegain pertenecían al Ejército Revolucionario del Pueblo.
En esos días se hallaba en Madrid Carlos Alberto, el hijo menor
del Tío, y Daniel aprovechó su presencia para hacerle llegar al
"Estimado amigo Dr. Héctor Cámpora" "unas
líneas fuera de todo protocolo", donde aceptaba el cargo de
ministro de Bienestar Social "con que usted me honra, al
ofrecérmelo por expreso pedido del Sr. General Perón y su Sra.
esposa".
"Quiero manifestarle - agregaba el astrólogo - que, luego
de conversar extensamente sobre el tema con el Jefe del
Movimiento, debo aceptarlo como una contribución más a la
disciplina del Movimiento y a la subordinación al Conductor del
mismo. Puede usted tener la amplia seguridad de mi honestidad y
de mi espíritu de colaboración, para que este gobierno cumpla
los objetivos justicialistas por los cuales hemos luchado durante
tantos y largos años. De mi amistad y sinceridad, creo que
usted, tiene pruebas suficientes. De mi honestidad, treinta y
tres años al lado del General Perón y de la querida compañera
Evita (o sea, desde cuatro años antes de que ambos se
conocieran) son testimonio de que ninguna tentación puede ya
atraparme. De mi lealtad a la Causa, mi vida entera habla por
mí."
Después pasaba a detallar la extensa lista de colaboradores
confiando - prepotentemente - en que "serían del
agrado" de Cámpora por su "idoneidad y la seguridad de
sus ideales peronistas". Como subsecretario general había
colocado a Duilio Brunello, un hombre cercano a Gelbard, con
quien quería estrechar la trenza. El cardiocirujano Domingo
Liotta sería subsecretario de Promoción y Asistencia Social; el
neurocirujano Matera, de Salud Pública; el ingeniero Celestino
Rodrigo, de Seguridad Social, el también ingeniero Juan Carlos
Basile, de Vivienda; el doctor De la Vega tendría a su cargo el
área del Menor y la Familia, y - dato insólito - el teniente
coronel (RE) Jorge Osinde conduciría la inocua
"Subsecretaría de Deportes". Todas estas designaciones
eran inapelables, porque surgían de una conversación "con
el jefe y la señora Isabel". Todos habían aceptado,
además. El único a quien podía consultar Cámpora era a
Matera. "Pensamos - decía el Brujo refiriéndose a esa
posible incorporación - que será un interesante acto
político".
El ministerio y la fundación Eva Perón permitirían que el
nuevo gobierno justicialista fuera "una verdadera
revolución social".
Daniel informaba después que llegaría a Buenos Aires el 24 por
la mañana "para representar oficialmente (a Perón) en la
ceremonia de cambio de gobierno. Su hijo Carlos le explicará los
detalles". Concluía con una clara advertencia: "Le
ruego reciba mis deseos de que todo marche bien y que Dios nos
guíe los pasos, para no incurrir en errores que puedan
perjudicar a la Nación".
Unos días más tarde, a su regreso de Madrid, el teniente
coronel Osinde visitó al Presidente electo, para subrayar que
había sido confirmado por el general como Delegado Militar y
sugerirle "la posibilidad de tomar algunos contactos"
(con los militares). Cámpora le advirtió que lo más
conveniente era tomar "los menores contactos posibles",
a pesar de lo cual Osinde citó "a un Tte. Cnel. Navarro a
efectos de ofrecerle al Gral. Carcagno, por intermedio de éste,
de quien parece ser muy amigo, la Comandancia en Jefe del
Ejército". El teniente coronel (Antonio Domingo) Navarro,
que Cámpora desconocía en aquel momento, alcanzaría
celebridad, nueve meses más tarde, cuando derrocó al gobernador
constitucional de Córdoba, Ricardo Obregón Cano. El nombre de
Carcagno, en cambio, ya le había sido sugerido por Mario
Cámpora, y al Tío le parecía bien, pero había que recabar
otras opiniones - empezando por la de Perón - y no era Osinde el
hombre más idóneo para hacer el ofrecimiento.
"Inmediatamente lo cité - escribió Cámpora a Perón el 16
- y me manifestó que esa información era inexacta". A
pesar de ese dato, el General aprobó el nombramiento de
"Delegado Militar" en Bienestar Social y le sugirió al
Tío que "echara mano de Osinde y algunos otros jefes que
puedan ser de confianza", para resolver el espinoso tema del
comandante en jefe del Ejército (...).
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